Un día paseando por un hermoso prado, pudieron observar dos
rosas preciosas que desprendían una intensa
luz. Eran tan inigualables que te invitaban a contemplarlas. Sin embargo, eran
muy diferentes. Una: delicada, sencilla, bella y hermosa que brillaba con luz propia.
Su sencillez llamaba la atención, pues no se podía decir de donde procedía ese aire
fresco que producía al mirarla. Te transportaba sin querer a un estado de armonía,
paz y relajación, que hacía que quisieras quedarte junto a ella toda una vida.
La segunda, llamaba la atención por lo atractivo de su belleza,
al igual que la otra no había duda de que era hermosa. Con arrogancia se mecía al unísono del aire de tal manera,
que hasta la vista detrás de ella se te iba. Su luz era cegadora, y te envolvía,
pero al llegar la noche ya no brillaba, pues el destello no era otro que el
reflejo del Sol de la mañana, y cuando éste se escondía entre las nubes, se
apagaba de tal modo que el brillo se perdía.
Pero he aquí el dilema, ¿con cuál te quedarías? Quizás con la
atractiva y de luz cegadora aunque en la noche no vieras o tal vez con la
sencilla, y delicada que siempre te alumbraría.
Como cada cual es un mundo. Según tus valores así escogerías.

