jueves, 18 de octubre de 2018

Homenaje a una mujer valerosa

Hoy te recuerdo madre mía. Con añoranza y alegría.
Madre extraordinaria, la que todo el mundo quería.
Porque fuiste mujer valerosa, enormemente fuerte y generosa.
Sin duda la más hermosa y de la que me siento 
extremadamente orgullosa.

Con ese cántico silencioso y de alegría
que a veces nos conmovía.
Esparciendo tus huellas con ejemplos y sabiduría ...
Mujer adelantada a su tiempo, 
criando en libertad, tolerancia y respeto ...

Trabajadora como la que más,
a tus hijos en la escasez de nada les podía faltar.
Nunca te oí quejarte y "digo yo, que algo te dolería".
Siempre pensabas en los demás, olvidando lo que tú padecías.

Agradecida de nuestro padre "El amor de tu vida". 
Orgullosa de tus hijos 
aunque a veces las cosas no salían como tú querías.
Con la esencia cálida de tu mirada 
nos decías que nos querías.

Llevabas una gran carga que nos evitabas cuando ocurría.
Todos sabíamos el por qué de tu voz ausente y dormida. 
Nunca ofenderías al que tanto querías.
Es el hilo de tu vida, la que absorbe los sentidos 
y los golpes mitiga.

A pesar de desplantes, olvidos y heridas continuas, 
hubieses dado tu vida por un abrazo, por una sonrisa.

Con tu saber estar, 
nos dejaste el legado de un amor incondicional.
Al final de tu vida, llego la recompensa, 
te arropamos y cuidamos como tú merecías.
Sé que te fuiste en paz y agradecida, 
porque el destello de tu rostro lo trasmitía. 
Viviste así, sin quejas de lo que te ofrecía la vida. 
Y así te fuiste, sin ruido, sin un gemido... 

Un poco antes de partir, 
¡Cuánta ternura por ambas partes se desprendía!
Apretando nuestras manos, 
nos agradecías y comunicabas que nos querías. 
Cuando ya no te quedaban fuerzas,
fue ese gélido y suave roce el que decía que te nos ibas.

Con tu saber estar, nos dejaste la esencia de un amor 
¡Tan grande!, que quedará perpetuo por siempre
 y para siempre en nuestras vidas


sábado, 31 de enero de 2015

El sendero de la vida


En el sendero de la vida, hoy pueden recordar, el inicio de una aventura llena de  armonía, amor y muchas ilusiones por realizar. Cuando todo estaba preparado iniciaron el camino más importante y el que más le hubo de costar.

Este sería sin duda el llenar de nuevas vidas su hogar. Hacer de su morada un nido en el que poderse cobijar. 
No paso mucho tiempo y un rayo de sol ilumino enseguida su existencia. Era inquieto, alegre, vivaz. Se diría que una brizna de luz embolia su casa.
De pronto, su actividad era estar pendientes de aquel torbellino y aunque la felicidad era patente, también el esfuerzo y la responsabilidad los desbordaba, de tal modo, que les costo y mucho adaptarse a esa insólita situación. Pero por nada ni nadie, cambiarían aquel ser diminuto, que hizo de su presencia, un horizonte más amplio, más rico y puro que nunca pudieran imaginar.
Pasado un tiempo, alguien más llego a refugiarse con ellos. Siendo esta vez una preciosa niña: delicada, sonriente y tan llena de vida; que los hizo vibrar, sentirse tan plenos y llenos de una inmensa felicidad. Esto significaría otro reto con el que lidiar.  
Pero no importaba, son luchas con las que tenemos que bregar y así recibir el fruto que podamos disfrutar.
Y con premura, se pusieron a iniciar el camino que los llevaría dichosos hacia lo hermoso y verdadero de la vida.
Eran dos, los que rondaban por doquier y hacían de sus vidas, una verdadera aventura en  las que en momentos no sabían cómo actuar. A menudo se preguntaban: ¿Estaremos haciéndolo bien o mal?. Como la respuesta no estaba clara, seguían caminando  con pasos inseguros y con miedo a poderse equivocar.

El manual no es legible y es difícil de descifrar. Pero una cosa si tenían segura, el inmenso amor que les podían dar, esto al menos nunca les faltara.
Pasaron cuatro años y no sabían bien pero algo faltaba en ese puzzle para completar. Pensaron en un tercero. ¿Sería eso quizás?. No querían que estuviesen solos. Una  tercera opinión en momentos difíciles siempre puede ayudar.
Esta vez se vieron sorprendidos por una infinita dulzura. De pronto, contemplaban unos ojos verdes como el mar, serena, apacible; que solo con mirarla te trasmitía una inmensa paz. Estaban asustados, ¡donde se habían metido esta vez¡. Cada instante sería más difícil, más arriesgado; pero en cambio, aunque el reto era complejo, no era el tiempo de abatirse, sino de luchar con los momentos que se pudieran presentar.
Pasaron los años, con desvelos y esmeros para que todo saliera bien. 
Sin apenas darse cuenta ya eran mayores. Se habían formado en personas con valores, llenos de sabiduría y un saber estar, que los convirtió entrañablemente en seres sensibles y solidarios con los demás.
Cuando todo parecía ir sobre ruedas… La alegría quiso volar, la dejaron levantar el vuelo, muy a su pesar. Sabían que tenía que irse, era por su bien y no más. En cambio una parte de sus vidas con ella se les va, dejándoles un vació que nunca pudieron sospechar.
La dura prueba de su ausencia, se fue apaciguando al ver su felicidad; se decían constantemente: ¡que poco la podemos disfrutar¡. Era nuestra alegría y nos daba armonía en los momentos difíciles que la vida te da.
De momento y como si de magia fuera, la luz que les iluminaba, también se quiso emancipar y se sintieron sin saber reaccionar ante lo acaecido, es lógico y es natural, se decían, más ¿cómo se puede uno preparar ante lo evidente?. Les vino tan de sorpresa, no lo esperaban, estaban acostumbrados a su sabiduría, a su bondad. Verse de pronto sin él es arduo de asimilar. Si no puedes vivir sin luz, sin alegría, sin paz; como llevar esta andadura, en un sendero, a veces crudo y duro por la propia inercia de las huellas al andar.
¿Y si algún día, lo que les da una inmensa calma y paz, se va?, ¿Que será entonces, que será?...
Tendrán  que preparar de nuevo el nido, para poder cobijar a los nuevos retoños, que sin duda les darán.
Volverá la alegría y la casa de nuevo brillara, encontraran otra vez la calma y la paz volverá a reinar.

Tus manos


No supo bien, cuando ni en que momento, sus manos se vieron vacías y apartadas de aquellas que en un momento pudieran estar. 
No busques a los demás, para cumplir tus sueños.
A veces, nos dedicamos para que otros, cumplan sus deseos, anhelos y proyectos. Los nuestros los vamos dejando, relegando y olvidando en el cajón del olvido.
De pronto, se sintió sola,cuando llego el momento y la oportunidad. 
Descubrió, sin más dilación, cual grande era su error. Esto le llevo a un estado de laxitud y aflicción, que le llevaría a lo equivoco.
No creía sola poder lograrlo, pero su ahincó, vehemencia y entusiasmo; le hicieron despertar.
 Deseo intentarlo, con sus propias manos e iniciar el camino. Y haciendo un paréntesis a lo que le pudo dañar... Quiso, olvidar y seguir la senda, mirando sus propias huellas al andar.
Pensó en lo eterno, seguir con el esfuerzo para poderlo lograr. Bien o mal, realizo lo que se había propuesto.
 No fue esto, ninguna proeza, ni nada que se pudiera celebrar; pero si fue positivo y comprendió la cruda realidad.
Lo importante es que cuando crees estar sola, con las manos vacías, nunca las tendrás, siempre estarás tú; que las puedes abrigar y guiar.
Una mano encima de otra, aunque sean solo las tuyas, nunca estarán desiertas y sin cobijo, si tú las puedes abrigar.

viernes, 30 de enero de 2015

Caballo negro



Un día no muy lejano paseando por la orilla de la playa, de pronto empezó a recordar:
Aquel caballo negro, que trotaba por la orilla del mar y en su camino se vino a cruzar.
Era hermoso,vigoroso, elegante...Distinguido y originalmente atractivo.
Sintió un gran impulso, de en su lomo poderse montar. "Tendría que intentarlo".
Al conseguirlo, empezó a galopar, y sintió en su espalda, la caricia del roce de su pelo, húmedo por la brisa del mar.
Este se mecía,por la propia inercia del aire al galopar, tanto que aquel momento le llego a embriagar.
Percibió su mirada intensa, de ternura y mucho mas... que lo decía todo sin ninguna palabra que articular.
Comprendió de inmediato que ahí, toda una vida se podría quedar.
Percibió en su ojos, la magnificencia de la sublimidad, eso hizo que se sintiera bella y hermosa, como una diosa al vagar.
Corría con premura hacia la luz, que en el horizonte podía divisar, lo hacia velozmente; para poderla alcanzar. Antes de que la niebla la pudiera ocultar y quedarse perdida para siempre en la gran inmensidad.

lunes, 3 de marzo de 2014

Indecisión



Un día paseando por un hermoso prado, pudieron observar dos rosas preciosas  que desprendían una intensa luz. Eran tan inigualables que te invitaban a contemplarlas. Sin embargo, eran muy diferentes. Una: delicada, sencilla, bella y hermosa que brillaba con luz propia. Su sencillez llamaba la atención, pues  no se podía decir de donde procedía ese aire fresco que producía al mirarla. Te transportaba sin querer a un estado de armonía, paz y relajación, que hacía que quisieras quedarte  junto a ella toda una vida.


La segunda, llamaba la atención por lo atractivo de su belleza, al igual que la otra no había duda de que era hermosa. Con arrogancia  se mecía al unísono del aire de tal manera, que hasta la vista detrás de ella se te iba. Su luz era cegadora, y te envolvía, pero al llegar la noche ya no brillaba, pues el destello no era otro que el reflejo del Sol de la mañana, y cuando éste se escondía entre las nubes, se apagaba de tal modo que  el brillo se perdía.

Pero he aquí el dilema, ¿con cuál te quedarías? Quizás con la atractiva y de luz cegadora aunque en la noche no vieras o tal vez con la sencilla, y delicada que siempre te alumbraría.

Como cada cual es un mundo. Según tus valores así escogerías.

viernes, 17 de enero de 2014

Toda una vida




Fue en otoño donde mis ojos por primera vez vieron la luz del día.
Me acompaño en el amor, con una rosa cada día.
Donde di el si quiero. Para emprender una nueva vida.
La mayor alegría de mi vida fue sentirme madre, sentirme viva.
Y en la caída de las hojas. Sentí el miedo y vino a mi la agonía.

El refugio de cada día








Vuelvo a mi habitación y me sumerjo en las sabanas cálidas por el calor que emite tu cuerpo. Al percibir tu sonrisa tenue y suave, me refugio en tus brazos y te siento tan cercano... Es la quietud de un sentimiento sereno y verdadero.
Nuestros cuerpos exhaustos se abandonan para morir unas horas y dar luz al siguiente día.

Seleccionado y publicado en el libro:  Pluma, tinta y papel III