Era un día en que en sueños, en la lejanía, alguien leía un precioso relato. No sólo este me conmovió, sino el sonido cálido y suave de su voz.
Quería abrir los ojos, sin embargo me daba miedo ¿será un sueño? No, no lo hice y seguí con ellos cerrados disfrutando de su dulce melodía.
Trataba de Ítaca y no recuerdo que más; pero sí que era hermoso y me llego a emocionar. Sentí aprecio por esa persona, aun sin conocerla, pues tiene una gran sensibilidad y alguien así merece la pena.
Gracias desconocida por esos momentos de felicidad.
Precioso madre! me siento orgullosa de ver el buen hacer, como es de costumbre, en tu nueva aventura literaria.
ResponderEliminarRespecto a los relatos son un fiel reflejo de la sensibilidad e inteligencia y de esa mirada especial que hacen que te admiremos y queramos un poco más.
Gracias por todo lo qué me aportas que es mucha felicidad.
ResponderEliminarGracias por todo lo qué me aportas que es mucha felicidad.
ResponderEliminarHola
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